Una teoría legitimadora del poder: el Mandato del Cielo

                                                                         
El Templo del Cielo, construido por la dinastía Ming en 1420. Fuente.

"Dragón luminoso hizo la prostración y el rey Wu habló así:
-Decidme entonces, ¿qué os mueve a venir desde tan lejos con un temporal como éste, tan inhóspito?

- La voluntad del Cielo.
- ¿La voluntad del Cielo?
- El Cielo quiere que hagamos la guerra contra la dinastía Yin y que fundemos la dinastía Zhou". 


El armario de oro del Gran Señor, La compilación del Salón del Norte, 144 (en García-Noblejas: Mitología clásica chinas, p. 176).


Este artículo tiene como objetivo introducirnos en una forma de legitimación del poder que se dio en China hacia el cambio del II al I milenio a. n. e. Estamos hablando del Mandato del Cielo, pero antes de exponer los principios de esta teoría religiosa y política, debemos introducirnos en el periodo histórico.

El final de una dinastía
Aproximadamente desde 1600 a.n.e., parte de la llanura central del río Huang He se encontraba unida bajo la dinastía Shang. Se trataba, a grandes rasgos, de un estado retributivo, de base agrícola, dentro del mundo del Bronce chino. Esta dinastía nos ha legado los mayores bronces del mundo antiguo, y sobre ello y sobre caparazones de tortuga y de escápulas[1], encontramos los primeros textos de caracteres chinos.  

Jia o vaso de bronce de la dinastía Shang. Fuente.
Pero con el tiempo, según nos cuentan la historiografía clásica china, la dinastía Shang se volvió más violenta y más disoluta. La Arqueología ha hallado tumbas del período Shang donde se constata el aumento de sacrificios humanos para que acompañaran al difunto. Y el ejemplo de esta degradación es, sin duda, el último monarca de la dinastía, Zhou Xin. La historiografía posterior nos ha legado una imagen de un personaje malvado, cruel, corrupto, sacrílego y borracho. En los cuentos y leyendas lo vemos correteando en los jardines de su palacio, desnudo, persiguiendo a sus favoritas y rodeado de árboles donde colgaban carne cocida y de estanques llenos de vino.

El uso desmesurado del alcohol fuera del ámbito religioso era un sacrilegio, ya que formaba parte del ritual. Una muestra de ello son la gran cantidad de recipientes para contener este líquido hallado en las tumbas Shang. Para colmo, Zhou Xin era un monarca que se dejaba influenciar por su mujer, la reina Daji. El monarca le dio más importancia al linaje de su mujer que al suyo propio. Además, ella promovió cambios en la liturgia.

Los Zhou
Al oeste de los Shang, más concretamente a orillas del río Wei (en la actual provincia de Shaanxi), encontramos a los Zhou[2], un estado fronterizo a medio camino entre los Shang (agricultores sedentarios chinos) y las tribus bárbaras de los qiang (pastores nómadas, posiblemente de lengua prototibetana). Estos Zhou eran herederos de culturas neolíticas del noroeste del Huang He que irán sinizándose con el tiempo al mantener relaciones con los Shang, adoptando su cultura: la lengua, la escritura, el modelo urbano de ciudades amuralladas, un cuerpo de funcionarios, las técnicas adivinatorias.

Serán los Zhou los que pondrán fin al gobierno de los Shang, produciéndose no un cambio o ruptura de civilización, ya que los Zhou reconocían que los Shang ocupaban el centro del mundo, sino solo de dinastía. Los Zhou deseaban ser sus herederos. Con los Zhou entraremos en lo que Dolors Folch (2002, p. 111) llama “la gran etapa formativa de la Tradición Central china“. Sus tres primeros gobernantes están considerados como fundadores de la nación china, personajes legendarios que reunían todas las cualidades de un buen gobernante. Es con el cambio de dinastía cuando disminuye el número de sacrificios humanos. Por lo tanto, estamos ante un período considerado por el confucianismo como de época dorada y un paradigma de buen gobierno para las sucesivas dinastías[3].

Siguiendo la historiografía tradicional legada por los Zhou, los desmanes de Zhou Xin se hizo notar también en sus fronteras. Esto llevó al monarca de Zhou, Wen o Wenwang (el Rey Refinado o el Rey Civilizador), a criticar el gobierno del monarca Shang. Poco amigo de las críticas, Zhou Xin encarceló a Wen. Wen no desaprovechó las circunstancias y compuso los 64 hexagramas que componen el gran texto adivinatorio de los Zhou:Yijing o Clásico de los Cambios[4]. No sería liberado hasta que su hijo, Wu, pagara un cuantioso rescate por su padre. Tal vez, dentro de la propaganda dejada por los Zhou, se esconde algo de la realidad de la época. Puede que la presión de Zhou Xin hacia los pueblos periféricos se debiera a la necesidad de víctimas sacrificiales para los rituales Shang. Así como, las críticas del rey Wen escondiera en realidad una alianza entre los Zhou y las tribus y estados vecinos contra los Shang.

Altar dedicado a Zhougong. Fuente
Continuando con la historiográfica Zhou, el rey Wu o Wuwang (el Rey Marcial o Guerrero) se lanzó contra los Shang exponiendo como casus belli los delitos religiosos y rituales cometidos por Zhou Xin y Daji[5], obteniendo así el favor de los soldados de éste, que en la memorable batalla de Muye (c. 1050 ó 1045 a.n.e.) se pasaron al bando de Wu. Al final, Zhou Xin acabará suicidándose.


Zhougong y el Mandato del Cielo
Pero el rey Wu no disfrutaría de sus recientes conquistas, ya que dos años después de la batalla de Muye muere y  le sucede su hijo, el rey niño Cheng. Pero quien se encargó de la regencia del joven rey fue su tío,Zhougong o el duque de Zhou. Considerado por Confucio como modelo de estadista, fue el encargado de consolidar y pacificar las nuevas conquistas. Tuvo que hacer frente a una rebelión de los pueblos del este, aliados de los Shang, ampliando las conquistas hasta dominar toda la totalidad del valle del Huang He, dividiendo el territorio entre  los miembros de su linaje. Y cuando Cheng llegó a la mayoría de edad, se retiró y fue el más leal de sus súbditos.

Pero centrándonos en el tema que queremos tratar, Zhougong es un personaje primordial en la Historia de China, ya que fue él quien formuló la teoría del Mandato del Cielo, como nos lo muestra en ShujingClásico de los DocumentosLos Zhou, tras las conquistas y posterior pacificación, necesitaban convencer a los nuevos súbditos de su dominación y que no se los viera como unos usurpadores. Es cuando surge la formulación de una nueva teoría que legitima el poder de los Zhou y los justifica moralmente.

Con los Zhou llega una nueva divinidad[6]Tian o Cielo (), que al principio es confundido con Shangdi o Señor de Arriba de los Shang. Pero pronto quedará claro que no representa lo mismo. Tian no es un dios asociado a los antepasados, como sería Shangdi para los Shang, sino una divinidad que tiene un carácter universal y de sancionador moral. El gobierno se vinculará al Cielo, el gobernante lo será por Mandato del Cielo oTianming (天命) y, por lo tanto, pasa a ostentar el título de Hijo del Cielo o Tianzi (天子), gobernando Todo Bajo el Cielo o Tianxia (天下)El Hijo del Cielo era el único que podía hacer sacrificios al Cielo y era el punto de unión entre el Cielo y los hombres.

Pero el Mandato del Cielo no era para siempre, se podía perder. Así Zhougong explicaría que al principio los Shang contaron con el Mandato del Cielo, pero cuando sus gobernantes descuidaron sus obligaciones religiosas y se comportaron de manera tiránica, como era el caso de Zhou Xin, el Cielo podía retirarle el Mandato. Al principio, se le avisaría al gobernante con una serie de malos augurios y catástrofes naturales. Podemos encontrar listas de estos fenómenos en los Anales Imperiales o en el “Tratado de los Cinco Elementos” del Libro de la Dinastía Han. Estos fenómenos, avisos del Cielo, pueden ser eclipses solares, cometas, meteoros, terremotos, inundaciones, sequías, plagas de insectos, hambrunas, epidemias, incendios, nacimientos de animales o humanos deformados, etc. Si a un gobernante le sucedía varias de estas catástrofes, se ponía en tela de juicio su capacidad de ostentar el poder. Si aun así, el gobernante ignoraba tales avisos, el Cielo le retiraba su favor y el poder de gobernar se lo concedería a otro, en este caso sería el rey Wu.

Con esta teoría, Zhougong intenta legitimar la subida al poder de los Zhou. Y no sólo confería una base religiosa a la autoridad del gobernante, sino también moral. Si éste era justo, cumplía con sus obligaciones religiosas y llevaba una vida recta, su gobierno y su dinastía mantendrían el favor del Cielo. Pero a la vez tendría una repercusión, la de legitimar el derecho a la rebelión. Si una rebelión triunfaba era porque contaba con la aprobación del Cielo.

Esta teoría del poder, religiosa y de justificación moral se mantendría hasta el último emperador en 1912 y fue un modelo a imitar por otras culturas cercanas a la china (como fueron la coreana o la japonesa), así como un elemento cohesionador de la civilización china.


[1] Mediante caparazones de tortuga o escápulas de animales a los que se les aplicaba fuego, provocando grietas, se interpretaba el futuro. Posteriormente, se grababa encima la pregunta y la respuesta, siendo los primeros textos en caracteres chinos. Este método adivinatorio se le llama escapulimancia u osteomancia.

[2] Como indica Gabriel García-Noblejas en su anotación 144 (García-Noblejas, 2004, p. 164) los caracteres chinos para  Zhou Xin y para la dinastía Zhou son totalmente diferentes, pero con la transcripción se pierde.

[3] Cuando China vivió un período de desunión, en el período entre las dinastías Han y Tang (220-589 n.e.), uno de los regímenes del norte tomó el nombre de Zhou para legitimarse en el poder.

[4] También puede encontrarse como el I Ching o Libro de los Cambios.

[5] Es un tópos en la historia china que las mujeres aparezcan como mujeres fatales. En este caso es Daji con la dinastía Zhou, pero también podríamos citar el caso de Cixi con la dinastía Qing.

[6] Patricia Buckley Ebrey habla de “noción” que es “concebida como una especie de poder moral del cosmos” (2009, p. 42).


Bibliografía

BUCKLEY EBREY, PATRICIA: Historia de China. Cambridge. Madrid. La esfera de los libros. 2009.
FOLCH, DOLORS: La construcción de China. El período formativo de la civilización china. Barcelona. Ediciones Península. 2002.
GARCÍA-NOBLEJAS SÁNCHEZ-CENDAL, GABIREL: Mitología clásica china. Madrid. Trotta.
GERNET, JACQUES: El mundo chino. Barcelona. Crítica. 1999.
LOEWE, MICHAEL y SHAUGHNESSY, EDWARD L. (eds.): The Cambridge History of Ancient China. From the origins of civilization to 221 B.C. Cambridge University Press. 1999.




Colaborador especial: Antonio Arteaga Infantes 
Nombre del Sitio Web: Témpora Magazine 
URL: http://temporamagazine.com
Fecha: 2014-actualidad
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