Los hunos: el origen de una leyenda


Hunos en batalla. Fuente

“Todos tienen cuerpo corto, miembros robustos y cabeza gruesa, dando a su conformación algo de sobrenatural su prodigioso desarrollo en anchura. Antes parecen animales bípedos que seres humanos, o esas extrañas figuras que el capricho del arte coloca en relieve sobre las cornisas de algún puente”.

Res Gestae, Amiano Marcelino (siglo IV n. e.).
Sólo mencionar a los hunos, nos trae a la mente la imagen de hordas de salvajes, sucios, vestidos con pieles y montados a caballo, devastando todo cuanto hay a su paso. Parte de esta imagen nos ha llegado de la mano de los autores antiguos, que los describieron como feroces y de aspecto temible, enviados por el Dios cristiano como castigo por los pecados.

La problemática sobre el origen de los hunos parece todavía lejos de resolverse. Apenas mencionados en los anales, los autores antiguos lo sitúan más allá de la Palus Meótida (actual Mar de Azov, entre Rusia y Ucrania) y hasta hace recientemente poco se les consideraban descendientes de los xiongnu[1]. Sin embargo, las pruebas arqueológicas y los estudios antropológicos muestran que los hunos eran una etnia mixta de elementos europoides-mongoles.

 Los hunos y el inicio de las invasiones germánicas
al Imperio Romano. Fuente
Su paso por la historia occidental fue efímero, menos de 90 años, pero nefasto para muchos de los pueblos con los que entraron en contacto. Su entrada en Europa se produjo hacia la segunda mitad del siglo IV n. e., empujando hacia occidente a los pueblos germanos, en un periodo en el que el Imperio Romano de Occidente se encontraba en una situación inestable. Con un ataque constante al Imperio Romano Oriental, entablaron durante cierto tiempo buenas relaciones con el Imperio Romano de Occidente; amistad que se rompió con Atila en el siglo V y que produjo continuos saqueos hasta su muerte en el 453.

Probablemente, debido al momento histórico en que los hunos llegaron a occidente, éstos sufrieron una “demonización” sin igual en la historia. En una época en la que la controversia religiosa era uno de los aspectos más importantes del desarrollo cultural, hay autores que teorizaron sobre la ida a Jerusalén del pueblo huno para hacerse con las reliquias cristianas. Asimismo, hubo quienes especularon sobre la relación entre el pueblo bíblico Magog[2] y los hunos, adaptándose al relato bíblico, dado su llegada desde el oeste y sus características físicas especiales, en las que se hace hincapié su fealdad.

Descritos con cuerpo corto, cabeza gruesa, miembros robustos, ojos no visibles y nariz plana, se asemejan a las características mongoloides actuales, aunque en época de Atila probablemente predominara el mestizaje. Debido a su feroz aspecto –aumentado por la práctica de surcar las mejillas con hierro para hacer desaparecer el bello, además de la deformidad a propósito de sus cráneos- los autores antiguos hablan del temor del ejército romano al verlos, incrementado por su forma de luchar en batalla. Los rápidos movimientos de los hunos confundían a las tropas romanas. Atacaban desde lejos con flechas, montados a caballo, sin aviso y a gran velocidad.  Hoy en día hay investigadores que defienden el consumo de un alucinógeno extraído de la Amanita muscaria, el cual les hacía incrementar la agresividad y la seguridad en sí mismos.

Ya no solo por su físico sino por sus extrañas costumbres serán identificados como bestias. Según los historiadores antiguos, los hunos comían carne cruda -la cual era puesta muchas veces entre los muslos- y raíces silvestres. Ello se debe a que los primeros hunos que entraron en contacto con los romanos fueron exploradores que vivían de la recolección de frutos silvestres, como otros pueblos nómadas, y llevaban consigo su comida. La gran cantidad de calderos de bronce hallados en yacimientos, desmienten en gran parte la teoría de la ingesta de carne cruda, y parece ser que la usaban muchas veces como prevención de heridas al colocarlas en la silla de montar y en la espalda del caballo.

Yurt. Fuente
En cuanto a sus vestimentas, describen una indumentaria realizada con lino y pieles de marmota, de las que no se despojaban jamás, gorros redondos y unas botas blandas que entorpecían el andar; hecho que explica el modo de lucha huna siempre a caballo. Aunque en las descripciones contemporáneas no se mencionan la lana y el fieltro –lana compacta, cálida y menos permeable, haciéndola resistente al fuego-, la arqueología ha revelado que eran los materiales utilizados tanto en sus vestimentas como en las construcciones de sus yurts (hábitats circular con techos de cúpula). La suciedad de sus tiendas, que tanto mencionan las obras contemporáneas, se explicaba por el uso prolongado del fieltro en diferentes climas y por encender fuego dentro de sus hogares. Asimismo, al emplear el fieltro en sus calzados, explicaría el por qué se describían sus botas como informes y blandas.

Caballo de las estepas mongólicas. Fuente
Otro característica que no dejaron indiferentes a los historiadores, fue el hecho de que los hunos siempre iban a caballo, incluso para dormir o para realizar los quehaceres cotidianos. Parece ser que recién llegados a Occidente, los hunos no habían adoptado todavía el caballo romano, sino que seguían usando el caballo de las estepas, descritos por los historiadores como feos pero duros. Gradualmente tuvieron que reemplazarlos por los equi romanos -algo más grande y con más aguante para los trabajos duros- como consecuencia de las continuas luchas en la que perecieron muchos de estos ejemplares. El hecho de que fueran a caballo para todo, incluso en las transacciones comerciales con los romanos, puede deberse a la necesidad de una postura defensiva. Además, siendo poco numerosos y de menor estatura que los occidentales, podían aparentar cierta superioridad montados a caballo.

La descripción general que nos ha llegado sobre los hunos es la de un pueblo sin ley ni hogar fijo, que vagaban de un lugar a otro como fugitivos. Además, eran proclives a romper cualquier pacto, y se comportaban como bestias que no diferencia el bien del mal; descripción aplicada, con sus variantes, a otros pueblos por el Imperio Romano. Así, para los romanos, los partos sólo mantenían sus promesas cuando les convenían; los moros no eran partidarios de los juramentos y no tenían respeto a los hombres ni miedo a Dios; o los ávaros fueron considerados como los nómadas de menos fe. En general, la historiografía grecorromana trató a todos estos pueblos con los mismos calificativos: eran nómadas -no tenían ciudades-, comían carne cruda -no sabían cocinar-, y su indumentaria era de pieles porque no conocían el algodón.

Esta visión de pueblos malvados y crueles se sigue observando en películas y series televisivas. Un buen referente lo encontramos en la tribu dothraki de Juego de Tronos que, inspirados en las tribus mongólicas del siglo XIII, se les representan como un pueblo bárbaro, sin escrúpulos y nómada, que combaten contra otros pueblos para poder subsistir y donde montar a caballo es una honra. Otro ejemplo lo encontramos en el personaje de Shan-Yu en Mulan (1998). Basado en Atila, se muestra a un hombre despiadado que sólo tiene como único objetivo demostrar a toda China que son imparables. 

La historia antigua ha mostrado tanta repulsión y desprecio contra un pueblo que, -con el objetivo de encontrar nuevas tierras, entraron en contacto con los romanos, más ricos que ellos y con un sistema menos frágil que el suyo, e intentaron mejorar su existencia por todos los medios a su disposición- probablemente muchos de los historiadores contemporáneos no conocieron. Ya fuese por su aspecto, belicosidad, sus extrañas costumbres o por los rumores de su crueldad, esta es la descripción de los hunos que ha llegado hasta nuestros días, pasando a la historia como un pueblo despreciable y temible.

Para acabar con esta visión, sería necesario realizar un nuevo enfoque, usando métodos antropológicos desarrollados en el último siglo, para encontrar respuestas a las cuestiones menos documentadas: el por qué de su “extraña” vida, sus motivaciones, su cultura… La suya era una vida extraña para todos los occidentales, incluyendo al resto de los pueblos bárbaros[3], aunque quizás no tanto para otros pueblos nómadas.



[1] Pueblo de origen controvertido, controlaban la zona de la estepa mongólica y estuvieron en continua guerra con la China de los Han (206 a.n.e. hasta el 220 n. e.).
[2] Pueblo de monstruos encerrados entre los montes del Cáucaso por Alejandro Magno (siglo IV a. n. e.).
[3] La palabra griega “bárbaro” significaba “extranjero”, pero irá modificándose con el paso del tiempo y adquiriendo connotaciones negativas: hombre del desorden, violento y salvaje.

Bibliografía

BOCK, S. Los hunos: tradición e historia. Antigüedad y cristianismo. Monografías históricas sobre la Antigüedad Tardía. IX. Universidad de Murcia. Compobell SL. Murcia. 1988. 

LADERO QUESADA, M. A. Historia Universal: Edad Media. Vicens-Vives. Madrid. 1995.
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