Los esclavos orientales en la América Española


Portada sobre la esclavitud. Fuente
“Tuve noticia que pasaba lo mesmo con los chinos, que la codicia había inventado traerlos en las naos de China y venderlos por esclavos. Y porque en los chinos hay mayor prohibición de esclavitud, porque las reales cédulas disponen que todos los indios de aquellas naciones sean tenidos por libres y tratados como vasallos de V.M., aunque sean mahometanos y de la demarcación de Portugal, por la multiplicidad de naciones que hay en las islas Filipinas. Que el fin de V.M. es sólo la propagación de la Fe, y la esclavitud es el medio contrario, porque viendo que quitan los hijos a los padres y las mujeres a los maridos para hacerlos esclavos, no creerán que es cierto lo que se les predica”.

Carta de la Corona al fiscal de la Audiencia de Nueva Galicia (20 de marzo de 1672)

Desde la aparición de las sociedades complejas, la mayor parte del mundo conoció la esclavitud y pocos pueblos carecieron de esclavos; sin embargo, constituían una fracción pequeña de la fuerza de trabajo. Con el “descubrimiento” de América, se produjo el mayor volumen de migración forzada de la historia: una esclavitud procedente del África blanca y negra, de Europa del este[1], del propio continente americano y del Extremo Oriente. América se configuró como una alternativa del continente negro, en el que se podía esclavizar a sus pobladores para llevarlos a Europa o a los archipiélagos atlánticos, ya que los amerindios eran considerados gente bárbara y su aculturación justificaba su servidumbre.[2]

Dentro de este contexto, laesclavitud oriental en la América española ha sido objeto de pocos estudios por la escasez de fuentes documentales. Oriente ha ejercido un poder de atracción comercial sobre los occidentales a lo largo de la historia y para llegar a Asia y establecerse en ella, los españoles tuvieron que descubrir y explorar el Pacífico, cruzado por primera vez de este a oeste en un viaje realizado por una armada española de cinco barcos al mando de Fernando de Magallanes, entre 1518 y 1522. Una vez descubiertos los caminos del mar, fue posible el asentamiento español en Filipinas, que se convirtió en el núcleo de la expansión española en Asia. Los españoles llamaban a América, “las Indias”, y a Filipinas y los archipiélagos españoles de la Micronesia, “las Indias Orientales”.

De Manila a Acapulco. Fuente
Los gobernadores de Manila (Filipinas) quisieron establecer relaciones oficiales con China desde el primer momento. Fujian era la ciudad más abierta, y se convirtió en un núcleo importante para los españoles asentados en Filipinas, tanto para recibir comerciantes como para proyectar su comercio exterior hacia el Mar de la China. Cientos de chinos llegaban cada año con las mercancías que abastecían a los pobladores de la isla y que se embarcaba en el galeón que cruzaba el Pacífico hacia Acapulco (México).  Fueron muchos los productos que viajaron de Asia a América, siendo uno de los más importantes el traslado de esclavos asiáticos.

Bajo el rubro de chinos se agrupaban a varios pueblos de Oriente, aunque en su mayoría filipinos, pero por ignorancia o comodidad los españoles no se tomaron la molestia de establecer matices étnico-culturales. Cuando la Corona comenzó a legislar en la década de 1590, sobre el traslado de esclavos en la nao, estableció que no debería practicarse “por granjería”, es decir, por beneficio económico; la autoridad real sólo permitió que un pequeño número de esclavos acompañara a oficiales reales y vecinos distinguidos, quienes regresaban de las Filipinas al centro del virreinato novohispano. Sin embargo, a pesar de las instrucciones de la Corona, sí surgió un verdadero tráfico transpacífico de esclavos. Por un lado, vecinos y oficiales en el centro del virreinato comúnmente pedían que se les enviaran esclavos al regresar la nao de Filipinas debido a la falta de mano de obra por la prohibición de la esclavitud indígena y su descenso demográfico. Por otro lado, vecinos españoles y comerciantes portugueses en Filipinas lograban ganancias substanciales al mandar a sus esclavos en la nao, pues su valor era considerablemente más elevado en el centro del virreinato que en tierras asiáticas.

El Galeón de Manila. Fuente
Estos esclavos realizaron labores similares a los africanos, trabajando en los obrajes, en las haciendas y, principalmente, como esclavos domésticos en residencias particulares o en instituciones religiosas. Además, contamos con documentación que nos habla de un gran número de colonos y esclavos chinos que se vieron obligados a trabajar en las minas de Zacatecas y en la mina de Francisco de Escobedo, en Tepic, al sudoeste de México. Sin embargo, dado que en 1542 se había abolido la esclavitud de los indios –salvo “causa justa”- los indígenas de las Filipinas no podían ser esclavizados ya que eran considerados naturales de las Indias y Felipe II dictó una real cédula ratificando la libertad de los indios filipinos; sin embargo, no se abolió plenamente la esclavitud y afectó a los indios que eran esclavos naturales (por nacimiento, guerras o delitos); a los musulmanes “viejos”, que podían ser esclavizados por ser enemigos de la Corona; y, a los esclavos llevados por los portugueses, que eran considerados “viciosos, ladrones y fugitivos”. Aunque la mayor parte de los esclavos “chinos’ de México quedaron en libertad, la esclavitud en Filipinas siguió funcionando y con un ordenamiento jurídico similar al de los territorios indianos, perpetuándose hasta el siglo XIX. En 1815 se prohibió sacar esclavos de las islas Filipinas, por tanto, dejaron de llegar a América.

La procedencia de los esclavos “chinos llegados a Nueva España desde el galeón que conectaba Manila con Acapulco es desconocida. Teóricamente eran indios filipinos, aunque un gran número de esclavos procedentes del conjunto de posesiones portuguesas establecidas en las costas del Océano Indico y Mar de China (India, Ceilán, Bengala y Malaca; Macasar, Tidore y Terrenate en Indonesia; Macao en China; Nagasaki en Japón; y también Mozambique en África oriental), fueron llegando y concentrándose en las grandes ciudades. De acuerdo con Jonathan Israel, unos seis mil indios chinos llegaban a puerto cada década, mientras que Deborah Oropeza sostiene que en el periodo de 1565-1700 fueron aproximadamente 7.200, y sólo unos 5.000 de ellos se establecieron de forma permanente en territorio novohispano. Eigi Fuchigami afirma que la demanda de esclavos asiáticos fue más fuerte en el Pacífico porque su costo era menor al de los esclavos negros, pues mientras el precio de éstos oscilaba entre los 400 y los 500 pesos, los indios chinos costaban alrededor de 350 pesos. Sin embargo, esta afirmación se debe matizar para el caso de Colima, donde los indios chinos se vendían en ocasiones al mismo costo que los esclavos de origen africano. La dificultad a la hora de estimar el volumen de esclavos llegados a puerto se debe a que muchos llegaban sin registrar bajo el amparo de los almirantes o de los pasajeros. Por tanto, no se abonaban los derechos de almojarifazgo -impuesto sobre el comercio exterior- que debían pagar todas las mercancías. La Corona estimaba en 1626 que cada año se le defraudaban 15.000 pesos, lo que equivalía a 300 esclavos sin declarar[3].

A mediados del siglo XVII la Audiencia de Nueva Galicia denunció que se estaban cometiendo excesos al esclavizar a los indios chichimecas que guerreaban constantemente al norte del virreinato. La Corona envió órdenes e instrucciones recordando la prohibición de esclavizar a los indios salvo causa justa. Eso afectó indirectamente a los “indios esclavos chinos”, ya que se pidió que quienes tuvieran esclavos chinos mostraran tales títulos y se pusieron en libertad los que no pudiesen demostrarse, así como las mujeres y los niños menores de 14 años. Como consecuencia, los esclavos orientales quedaron asimilados a los indios novohispanos y lograron su libertad, transformándose en tributarios. Sin embargo, los “esclavos chinos” vivían en su mayoría en la ciudad y no tenían tierras. Para solucionar esta paradoja, el fiscal de la Audiencia de México propuso que se les entregarse para que pagasen así el impuesto.  La Corona no supo qué contestar y envío una cédula al Virrey en 1676, encargándole  que resolviera el problema en colaboración con la Audiencia, aunque se ignora si se tomaron medidas al respecto. Con el paso del tiempo, los chinos se fueron disolviendo entre la masa mestiza de la población urbana, librándose de pagar impuestos.

El Parián de México en el siglo XIX. Fuente
Para mantenerlos bajo control, se les concentró en un barrio -El Parían- fuera de la muralla, donde se les hacía pagar un permiso de residencia. El barrio fue tanto la residencia como el almacén y el mercado en el que se concentraban las tiendas y talleres de todo tipo para el abastecimiento. Tras un alzamiento en 1603 en Filipinas, se estableció que el número de chinos en El Parián no fuera mayor de 6000, cantidad considerada necesaria para el mantenimiento de los abastos y servicios de la comunidad española, y se tomaron medidas para evitar que las autoridades concedieran un excesivo número de licencias para lucrarse con los ocho pesos que se cobraba por cada una.

No obstante, en el siglo XIX llegó a las Antillas un gran número de “chinos” –los llamados despectivamente coolies- pero eran emigrantes o trabajadores asalariados. Era otra forma de explotación de la mano de obra oriental. Hacia 1886 había en Cuba 30.000 trabajadores asiáticos. Ante la inminente supresión del Patronato en Cuba en 1886 -final efectivo de la esclavitud en la isla-, y la Junta de Agricultura consideró necesario traer quinientos mil braceros para sustituir a los esclavos negros en el trabajo en las plantaciones de azúcar, pero había cambiado la valoración del “chino” y en el XIX pasó a ser calificado de indolente.

China poblana. Fuente
Los “chinos” trajeron consigo una gran cantidad de costumbres que en la actualidad hacen parte de la idiosincrasia latinoamericana; muestra de ello son las peleas de gallos, que son de origen oriental; o la china poblana, una vestimenta símbolo nacional mexicano, que según cuenta la leyenda, fue enseñada a tejer por una princesa persa que llegó en una Nao de China y fue adoptada por una familia adinerada de Puebla.








[1] Los esclavos blancos existieron en España desde época romana y se prolongó durante la Edad Media con mayor intensidad que en otras partes de Europa a causa de la Reconquista. Así, para fines del siglo XV, España contaba con grandes contingentes de esclavos blancos (moriscos, blancos musulmanes, berberiscos, guanches, europeos orientales y tártaros). El envió de esclavos blancos musulmanes a América –y la consiguiente posibilidad de que se extendiese su dogma- preocupó a las autoridades. Debido a ello, se promulgó una cédula en 1543 en la que se obligaba el envío de vuelta de estos esclavos a la Península; sin embargo, la norma fue generalmente incumplida.

[2] Sin embargo, las continuas quejas de religiosos –entre ellos Bartolomé de las Casas que amparaba al indio bajo el reemplazo de éstos por la del esclavo negro-, defendían que el indio era súbdito de la Corona y, por tanto, no esclavizable, lo que hizo que para 1542 se prohibiese. No obstante, después de esa fecha subsistió para los indios “rebeldes” – opositores de la colonización española dentro del territorio controlado por la Corona- hasta 1679, y para los indios “bárbaros” –opositores de la colonización española en territorios no conquistados por los españoles- hasta finales de la colonia. La esclavitud africana llegó como una alternativa a la amerindia y no fue necesario justificarla, pues llegó ya “justificada”. Igualmente no fue preciso estudiar sus causas, ya que fue una esclavitud por compra -no por conquista como la indígena- y que contaba con una larga tradición desde la antigüedad. Para los europeos, África era un continente de “bárbaros” e infieles que habían rechazado la religión cristiana, pese a conocerla desde antiguo, y donde los papas habían autorizado la guerra justa, con su secuela esclavista.

[3] La Caja de Real Hacienda de Acapulco establecida en 1590, registraba el ingreso de asiáticos a dicho puerto. Estos registros oficiales sugieren la entrada de aproximadamente un total de 4.000 esclavos al puerto de Acapulco en los años 1565-1673. Sin embargo, es importante considerar que el tráfico transpacífico se caracterizó por un alto grado de corrupción y las cifras son más elevadas.

Bibliografía

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