Perversión sexual: los Pies de Loto


Pies de Loto. Fuente
"Se ha lavado los pies con agua de loto y repliega su pierna para anudar sus botines; cuando levanta sus dedos blandos y delicados, pone sus pies vendados suavemente en el suelo y avanza con paso grácil dejando su aire perfumado como una golondrina; su paso es doloroso y la luna brilla al son de las flautas de jade; piensa a menudo en su amor de antaño y se dirige, sin embargo, hacia las dependencias imperiales”.

“A mi querida”, Texto pornográfico de época Ming (1368-1644)
El fetichismo, la zoofilia o la necrofilia son algunas de las perversiones sexuales que practicaba, y practica, el ser humano. El fetichismo, generalmente relacionado con el cuerpo humano, se centra en el interés en los zapatos, los pies, el pelo e incluso la orina o los cuerpos en descomposición. En la China antigua hubo algunos hombres que quedaron prendados de los botines o de los pies de sus parejas hasta el punto de perder la razón. La práctica de los pies vendados -llamados pies de loto- afectó a un gran número de mujeres y fue una de las principales vejaciones sexuales a las que fueron sometidas ya que estaba en estrecha relación con el deseo sexual masculino y la forma de satisfacerlo.

Se dice que el emperador Li Yu de la dinastía Tang (618–907), tenía en palacio una cortesana muy bella que destacaba en el arte del baile. Li Yu le pidió que moldeara una flor de loto de oro de seis pies de alto (1,828 m.), adornada con joyas y perlas y ordenó a la cortesana que vendase sus pies, para que adoptasen la curvatura de la luna nueva, y bailase sobre la gran flor de loto. Al hacerlo, el emperador se enamoró locamente de ella y todas las mujeres del palacio quisieron imitarla, práctica que se extendió entre las clases populares. Con la dinastía Song (960–1279) se generalizó de tal manera que las mujeres sentían vergüenza de sus pies grandes. Las cantantes de las casas públicas tenían que someterse a cuatro exigencias: los pies vendados, el canto, el laúd y el baile; convirtiéndose la práctica en un criterio de selección y belleza en la época.

Durante la dinastía Ming (1368-1644), la moda alcanzó su punto álgido y todas las cortesanas lo hacían para seducir a los hombres. Sin embargo, durante la dinastía Qing (1644-1911) los primeros dirigentes consideraron la práctica de pies vendados una costumbre en desuso. El emperador Shunzi promulgó un decreto que prohibía dicha práctica y el emperador Kangxi castigó a los padres de aquellas que infringían la ley. Pero no fueron medidas suficientes, y la práctica reapareció incluso en mujeres manchúes. Durante el emperador Qianlong se reprimió duramente a las mujeres manchúes que se vendaban los pies, lo que no impidió que las mujeres de etnia han siguiesen haciéndolo. En la segunda mitad de la dinastía Qing, la debilitada autoridad no pudo hacer frente a esta práctica y se generalizó por todo el imperio.

Pie normal y pie de Loto. Fuente
Vendar los pies era muy doloroso y se colocaba a partir de los cuatro o cinco años. El primer día la niña tenía que tomar una mezcla de arroz glutinoso y judías rojas que le ablandaba, supuestamente, los músculos. Los dedos del pie –salvo el gordo- eran replegados bajo la planta por medio de un tejido de algodón blanco, que envolvía el pie; se calzaba un pequeño botín puntiagudo que la niña llevaba durante todo el día -provocándole a menudo hemorragias-, y durante la noche, se apretaba más el pie vendado para impedir que se aflojara. Día tras días se realizaba esta operación hasta que el pie alcanzaba su forma definitiva. Al final, si se podía mantener erguida, era gracias al dedo gordo, que le servía de apoyo. El vendaje finalizaba cuando el pie era pequeño y puntiagudo. También existían escabeles especiales con un torniquete que permitía ejercer una presión mayor.

Botines para pies vendados. Fuente
Muchos hombres se encaprichaban de los pies de loto hasta perder la razón. Para calificar tales muñones había un repertorio de más de cincuenta y ocho expresiones, ordenadas en cinco formas: pétalos de loto, luna nueva, bóveda armoniosa, sombra de bambú y castaña de agua. Además, se distinguieron tres calidades: los pies gordetes, los pies ligeros y los pies perfumados, y se estableció una escala del uno al nueve que iba de lo ordinario a lo sublime. Toda esta nomenclatura da testimonio demuestra una gran perversidad masculina respecto a las mujeres. Algunos hombres hasta mojaban los pies vendados en una tetera con el objetivo de saborear mejor el té; otros utilizaban los botines como vasos para tomar licor, e incluso, durante la dinastía Ming se llegó a fabricar botines de porcelana destinados a beber alcohol.

Los pies vendados se consideraron la parte más íntima del cuerpo de la mujer y el hombre los acariciaba antes del coito. Si tocaba el pecho o las nalgas, podía considerarse como un gesto involuntario y pedía disculpas; pero si tocaba los pies, se consideraba como una falta imperdonable. El juego preliminar al coito consistía en un encuentro entre el hombre y su amada, en el cual, si lo que pretendía no era acogido negativamente, dejaba caer su pañuelo, y cuando el hombre se agachaba a recogerlos, rozaba los pies de la mujer. Si ella no se enfadaba, el pretendiente podía pasar al siguiente paso en el que podía cogerla en brazos, besarla…

Cortesana con Pies de Loto. Fuente
La razón por la que las mujeres aguantaban el dolor se debía a que al vendarse los pies, eran incapaces de realizar duros trabajos, por lo que era una característica de diferenciación social. Al igual que los hombres provenientes de familias modestas no podían entregarse al estudio, las mujeres de condición humilde tampoco podían vendarse los pies. Al fin y al cabo, la práctica estaba destinada a estimular el deseo sexual de los hombres que, al tocarlos, experimentaban, al parecer, el mismo placer que un occidental al acariciar unos senos. Algunos letrados japoneses que estudiaron la práctica desde un punto de vista fisiológico establecieron que las mujeres con los pies vendados tenían la vagina más estrecha debido al esfuerzo muscular que tenían que hacer al andar, lo que se traducía en un aumento del placer de los hombres en el coito. Por su parte, algunos letrados chinos de época Qing, defendían que las mujeres que realizaban esta práctica, se les redondeaban más los muslos y las hacía más sensuales. Sin embargo, algunos investigadores hoy en día defienden una postura psicológica basada en el fetichismo. 

Anciana muestra sus pies de loto. Fuente
En 1883 el reformador Kang Youwei convocó una asamblea de figuras destacadas de varios pueblos de la provincia de Cantón en el que se proclamó la prohibición del vendaje de pies. Entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, se generalizó la prohibición de dicha práctica en cuestión, contribuyendo al éxito de los movimientos de liberación de la mujer que se desarrollaron en China en aquella época. Sus repercusiones se hicieron sentir incluso después de la llegada de la República. Sin embargo, hoy en día siguen con vida ancianas que fueron sometidas a dicha práctica en la primera mitad del siglo XX.

Al fin y al cabo, la práctica de los pies vendados fue una tortura que tenía como consecuencia limitar los desplazamientos de las mujeres, que sólo se podían mover despacio y recorrer espacios cortos. El vendaje no sirvió para embellecer los pies, sino para impedir que las mujeres huyeran delhogar.



Bibliografía

LIU DALIN. El Imperio del deseo. Historia de la sexualidad en China. Alianza Editorial. Madrid. 2010.

VAN GULIK, R. La vida sexual en la antigua China. Editorial SIRUELA. 2005.
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