Entrada, desarrollo y máximo esplendor del budismo en China


Gran Buda de Leshan (China, siglo VII). Fuente
“Nâgasena, ¿por qué los hombres no son todos semejantes? ¿Por qué tienen una vida larga o breve? ¿Por qué son vigorosos o enfermizos, hermosos o repulsivos, ricos o pobres, inteligentes o necios?
- Y ¿por qué, gran rey, las plantas no son todas semejantes? ¿Por qué son, según su especie, agrias, saladas, amargas, ácidas o dulces?
-Por la diferencia de sus cimientos, supongo.
-Como ellas, los hombres difieren según sus actos. El Bienaventurado (Buda) dijo: Los seres tienen el patrimonio de su Karma, son herederos, descendientes, parientes, vasallos de su karma; el karma es lo que divide a los hombres en superiores e inferiores”.

Diálogo entre el monje indio Nâgasena y el rey indogriego Milinda (Meandro, siglo II a. n. e.), recogido en “Historia del pensamiento chino” de Anne Cheng (p. 306, Barcelona, 2006.). 

Siddharta Gautama (hacia 560-480 a. n. e.), príncipe heredero de un pequeño reino al pie del Himalaya, se crió en un ambiente de lujo y de placeres que abandonó para llevar una vida de religiosos mendicantes tras haber tenido la revelación de que “todo es ilusión (mâyâ)” en cuatro ocasiones sucesivas en que salió de palacio y quedó impresionado al ver a un anciano, un enfermo, un cadáver y un monje con una bacina para limosnas. A los treinta y cinco años de edad alcanzó la iluminación bajo el árbol del Despertar (bodhi), por lo cual es conocido como Buda, “el iluminado”. Pasó el resto de su vida enseñando[1] y murió a la edad de ochenta años.

El budismo original, surgido en la India, indica una vía de salvación realizable por cada individuo para sí mismo cuyo ideal encarna el arhat, el “sin retorno”. Como reacción a esta concepción tan estrecha, surge hacia el 250 a. n. e. una nueva tendencia conocida con el nombre de “Gran Vehículo” (Mahâyâna), que reprocha al budismo antiguo el ser tan sólo un “Pequeño Vehículo” (Hînayâma). En su origen, la salvación sólo era concebible para la elite monástica; sin embargo, esta nueva concepción pretendía abrir la vía a todos los seres vivos. Mientras el  Hînayâma se expandió por el sur de Asia, el  Mahâyâna conoció un desarrollo sin precedentes hacia China y todo el “mundo sinizado” (Japón, Corea, Vietnam y Tibet).

Según la leyenda, la aventura budista en China comenzó bajo la dinastía Han (206 a.n.e. – 220 a. n. e.), una noche en que el emperador Ming (58-75) vio en sueños una divinidad de oro volar delante de su palacio. Al identificarla como Buda, envió emisarios al oeste para obtener más información y, cuando éstos regresaron, trajeron consigo un sûtra en 42 secciones[2] y se construyó en Luoyang (Henan), el monasterio del Caballo Blanco. En realidad, existen ya en el siglo I huellas indiscutibles de la presencia budista en China, como un centro de traducción bajo la tutela de monjes extranjeros procedentes de la India. Éstos se centraron en la inmortalidad del alma, así como en el ciclo de los renacimientos y el karma.

Expansión del budismo por Asia. Fuente
Con la caída de la capital de los Jin –Luoyang- en el 311, en manos de los invasores xiongnu[3], seguida por Chang´an (Xian) en el 316, supuso la emigración de los chinos hacia Jiankang (Nanjing) y el fin del control en la zona septentrional. Es así como en el norte, controlada por los “bárbaros” y desgarrada por la guerra, predominará un budismo devocional, preocupado sobre todo por la moralidad, la meditación y la práctica religiosa. Sin embargo, con la conquista de los touba[4]-más tarde denominada dinastía Wei del norte (386-534)-, el norte adoptó el budismo como religión oficial, instalándose una auténtica burocracia encargada de los asuntos religiosos.

Comparado con la parte septentrional, el sur, materialmente más privilegiado, heredó en el plano intelectual y espiritual el espíritu hastiado y desencantado de las “conversaciones puras”, que degeneró en hedonismo -basado en la búsqueda del placer y en la supresión del dolor- decadente. La clase letrada se dejó invadir por un escepticismo que encuentra respuesta en el tema budista de “todo es transitorio”. Gracias a los intercambios de ideas acerca de la vacuidad –la gran verdad-, el budismo alcanzó los círculos letrados del sur y se llevaron a cabo tentativas más o menos afortunadas de relacionarlo con el patrimonio intelectual chino. Hacia el 381, los monjes budistas consiguieron que el emperador Xiaowu (373-396), y ya no sólo el mundo de los letrados, se adhiriese oficialmente a la doctrina budista, convirtiéndose en un laico devoto hasta el punto de ordenar la construcción de un monasterio en el recinto de su palacio.

Tras seis siglos de implantación, el budismo, ya sólidamente arraigado en la sociedad y la mentalidad china, llegó a la plena madurez con los Tang (618-907). En el plano intelectual, la cantidad de literatura ya traducida permitió una auténtica asimilación que dio lugar a la eclosión de escuelas budistas por China. Asimismo, la peregrinación de chinos hacia los lugares originales del budismo indio, significó, por primera vez, que los chinos se alejaban del país del Centro –China- para ir a buscar la verdad a otro lugar, produciéndose la introducción de múltiples influencias procedentes de Asia central y de Irán (islam, nestorianismo, maniqueísmo…). Sin embargo, los soberanos Tang parecían relativamente menos deseosos de adoptar el budismo que sus predecesores de las dinastías del sur. El clan imperial comienza afirmando sus afinidades con el taoísmo y declarándose descendientes de Laozi[5]. No obstante, el clero budista, que en el siglo VIII representaba el doble del taoísmo, constituyó una fuerza con la cual había que encontrar un modus vivendi. La voluntad de los Tang de controlar las instituciones budistas, patrocinándolas al mismo tiempo, se afirma desde los inicios de la dinastía y acaba obligando a la comunidad monástica a integrarse en las estructuras estatales.  Estas escuelas específicamente chinas –que ya no están importadas desde la India- representan la elaboración y la adaptación del mensaje budista por la mentalidad china. En este sentido, los Tang marcan una etapa decisiva en la evolución del budismo: en lugar de venerar a los textos indios y a sus representantes como en época anterior, los fundadores de las escuelas chinas, con sus variantes, no vacilan en interpretar el “sentido oculto” de los sûtra en función de su propia experiencias religiosa, sin preocuparse por la fidelidad textual, dando lugar a una gran variedad de escuelas que se atribuyen el mayor grado de verdad -considerando a las demás como representantes de grados inferiores, pero no herejías-.

Gruta Longmen (Henan, China). Fuente  
Con el reinado de la emperatriz Wu Zetian (625 – 705), el budismo se convirtió en religión oficial del estado en el 691, y Huayi –monje budista afín a Wu- proclamó que la Emperatriz era una encarnación de Maitreya y se ordenó construir templos en todas las provincias para exponer el Dayunjing, un sûtra que profetizaba la aparición de una mujer que gobernaría el mundo 700 años después de la muerte de Buda. Su patrocinio del budismo también se extendió a otros templos y sectas; trabajándose duramente en las grutas de Longmen (Henan) durante su reinado.

A pesar de lo logrado con la emperatriz Wu, hacia mediados del siglo IX se comenzó a acusar al budismo –religión de extranjeros- de haber sido la causa del debilitamiento moral y económico de las breves dinastías anteriores del sur. El debilitamiento del Imperio y la escasez de cobre –detentada por las iglesias budistas para los objetos de culto-, usado para la fundición de monedas, conllevó a una toma de medidas al respecto, fundiéndose y transformándose en moneda las campanas y estatuas de las iglesias -moneda que, por temor de sacrilegio, rehusarán los medios populares-. Estas medidas, cada vez más radicales, fueron llegando de forma progresiva: pasando por expulsar falsos monjes, a la confiscación de los bienes privados; para más tarde suprimir las ceremonias budistas en el culto oficial y a tomar medidas de laicización cada vez más masivas. Para terminar, se procedió al inventario general de los bienes sagrados de los monasterios y, después, a la confiscación de tierras.

Estas medidas causaron un grave perjuicio al budismo en China. Sólo una sexta continuará siendo realmente activa en China tras el final de los Tang, la del chan[6] -zen en japonés-, más china que budista. Las traducciones de textos indios son cada vez más raras y los grandes traductores y comentaristas habían muerto. La causa de la decadencia del gran fervor religioso anterior habría que buscarla en una razón profunda y principal: la transformación de la sociedad. El budismo perdió su influencia cuando las formas sociales a las que se había adaptado y que eran las de los siglos III-VIII –aristocracias endogámicas, sistema de casas solariegas y parroquias-, se vieron afectadas por la eclosión general de la economía urbana que tuvo lugar entre los siglos VIII y XI. El gran monasterio, unidad económica autárquica con sus propiedades, venía a ser el símbolo de la autoridad moral, religiosa y budista en China. Entre los grandes monasterios y la aristocracia laica había una analogía y unos vínculos estrechos. Es cierto que las medidas de mediados del siglo IX asestó un golpe muy fuerte a la Iglesia budista, pero la evolución social acabaría de arruinar unos cimientos que ya estaban fuertemente socavados. Como señala Jaques Gernet, “no hay religión que no hunda sus raíces en el tejido social en el que se ha desarrollado”.


[1] En las enseñanzas de Buda ocupan un lugar central las Cuatro Nobles Verdades: la vida es sufrimiento; el sufrimiento tiene una causa a la que podemos hacerle frente; para eliminar el sufrimiento es necesario acabar con el deseo; y, en la última de las Cuatro Verdades, se revela el Noble Óctuple Camino (punto de vista correcto, intención correcta, palabras correctas, acción correcta, medio de vida correcto…).
[2] Discursos dados por Buda o por sus discípulos.
[3] Pueblo de origen controvertido, controlaban la zona de la estepa mongólica y estuvieron en continua guerra con la China de los Han (206 a.n.e. hasta el 220 n. e.).
[4] Una de las ramas de los descendientes de la tribu xianbei.
[5] Nacido en el siglo IV a. n. e., es uno de los más relevantes filósofos de la historia universal.
[6] Disciplina espiritual de preparación para la prajnâ (sabiduría).

Bibliografía

BROWN, MIRANDA y SCHIROKAUER, CONRAD, Breve historia de la civilización china,  Barcelona: Edicions Bellatera SL., 2006.

CHENG, ANNE. “Historia del pensamiento chino”, Biblioteca de China contemporánea. Barcelona: Edicions bellaterra. 2006.

CLEMENTS, JONATHAN, “Wu“, Barcelona: Crítica, 2007.

GERNET, JACQUES, El Mundo Chino,  Barcelona: Edición Crítica, 2005.

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