El destino de las san po tsai







Es tal vez superfluo decir que una niña es, incluso a muy temprana edad, un bien comerciable
Guilles, 1911



A lo largo de la historia la situación de la mujer en China ha seguido un camino descendente. Durante siglos las mujeres y niñas han sido compradas y vendidas para casarse, ser concubinas, sirvientas domésticas o prostitutas en China y en las comunidades chinas presentes en todo el mundo.

Una san po tsai es una niña transferida desde su familia natal en una forma particular de esponsal temprano. Es un término en cantonés y se refiere a una niña nuera. Ocupaban una posición especial e intermedia en la casa, con un estatus más bajo que una novia o una niña prometida. Formaba parte de la familia que la acogía con la intención concreta de casarla con uno de los hijos cuando tuviera la edad adecuada. Normalmente la niña era mayor que su futuro esposo, así la familia podría sacar provecho de su mano de obra mientras sus hijos crecían. Incluso era normal ver a la san po tsai niña llevando a su futuro marido a la espalda, mientras realizaba las labores pertinentes.

Esta institución se conocía en muchas regiones de China desde la dinastía Yuan (1206–1367), pero proliferó en el territorio de Hong Kong –debido a la gran pobreza en el territorio- durante el siglo XIX, llegando, prácticamente, a la década de los setenta del siglo XX, como muestran los testimonios recogidos de los misioneros cristianos. Incluso se cuentan con testimonios procedentes de Taiwan en la segunda mitad del siglo pasado.

La niña nuera, o san po tsai, era la forma más barata y menos respetada de matrimonio, y solo se daba entre los pobres del mundo rural –con pocas referencias en el mundo urbano. La edad solía estar comprendida entre los pocos meses de vida y unos diez años -edad habitual para entrar en la casa de la familia de su futuro marido como una esposa todavía no casada. Ayudaban en las tareas domésticas y contraían matrimonio cuando tuviesen una edad suficiente para ello. El padre del niño pedía el consentimiento del padre de la niña y se celebraba un banquete, tras el cual serían considerados marido y esposa.

En la sociedad tradicional china las diferentes ceremonias de compromiso y matrimonio eran muy significativas, y reflejaban los bajos ingresos y dificultades financieras asociadas a la práctica de dar y tomar una san po tsai donde el matrimonio no se producía el intercambio tradicional de horóscopos, ni se elegía un día afortunado para que la niña nuera entrara en la casa de su futuro marido, ni se le daba dote o regalos. El dinero o los regalos de recuerdo entregados en el momento de la transferencia de las san po tsai eran suficientes para cubrir tanto su traslado como su matrimonio posterior.

Cuando se decidía la transición de san po tsai al estado matrimonial, la niña recibía un sombrero adornado con flores hechas con hilo de plata y oro, y abandonaba su peinado, recogido en una trenza, llevado hasta ese momento. Al matrimonio se le denominaba sheung tau –“ponerse el sombrero ornamentado en la cabeza”-.

El matrimonio -que solía ser el último día del año u ocho días antes del solsticio de invierno- era sellado cuando la pareja iba a mostrar sus respetos ante los antepasados del marido.

Por encima de la san po tsai estaba la figura de la suegra. Su poder sobre ellas era mucho mayor que sobre las otras mujeres maduras de la casa. Para estas niñas, sus suegras lo eran todo, ya que habían entrado en la familia y no estaba mitigada por el lazo de sangre como con sus propias hijas.

Las expectativas de estas mujeres mayores en el mundo rural tradicional era que, al llegar una mujer más joven a la casa, ellas se librarían de las tareas domésticas y mejorarían sus vidas. Su pequeña tiranía hacia su nuera era muy conocida y aparece en el folclore local. Tanto que en la literatura aparecen constantemente las lágrimas y el maltrato de las san po tsai debido a la crueldad de sus suegras hacia ellas. Su posición empeoraba si su suegra favorecía a sus propios hijos –con los que solía vivir la niña nuera con su prometido- y la trataba con discriminación e incluso severidad, o si los miembros mayores de su propia generación eran crueles con ellas.

Aunque estas niñas eran separadas de sus familias a una edad temprana, lo cierto es que mantenían los vínculos con ella y realizaban continuas visitas a su antiguo hogar como, por ejemplo, durante el Año Nuevo. Pero, incluso hay datos de algunas san po tsai que visitaban a sus familias por un largo periodo de tiempo. De todos modos, la transferencia de una niña nuera, el compromiso y el matrimonio infantil, y la disponibilidad de las mujeres sin consulta previa ni consentimiento, se mezclaba con el trabajo duro, la falta de educación, las limitaciones del medio y un estatus inferior con respecto al resto de los miembros de la casa.

La paciencia era muy necesaria porque existían pocas salidas en la casa ante la desgracia de las mujeres y las niñas casadas. En casos extremos, algunas llegaban al suicidio. Otra alternativa era escaparse, pero eran marginadas por la sociedad, incluida su familia de origen. Así, un misionero norteamericano decía haber encontrado a dos o tres mil mujeres recitando oraciones a buda, rogándole que pudieran renacer en el mundo como hombres.


BIBLIOGRAFÍA

JACSCHOK, M., MIERS, S., “Mujeres y patriarcado chino”, Biblioteca de China contemporánea, Barcelona: Edicions Bellaterra SL, 2000.

Refugee Review Tribunal Australia, Woman. Tong yang xi, Fujian, 2009. 

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