Shi Peipu y Bernard Boursicot. “Mientras lo creí, fue una hermosa historia”


Shi Peipu vestido para la Ópera. Fuente 

“Quería vivir una gran aventura de amor, y cuando Peipu me dijo que era mujer, pero que se disfrazaba de hombre porque así la vida le era más fácil, comprendí que ella era mi Sherezade”

Bernard Boursicot

En medio de la extraordinaria agitación política y social de los años sesenta del siglo XX en la que se encontraba sumergida China –el Gran Salto Adelante, la ruptura con la URSS, una hambruna severa o la conocida como Revolución Cultural, en la que perecieron millones de personas-, surgió una historia de amor un tanto excepcional.

Una noche fría de 1964, se celebraba una fiesta de Navidad en Beijing, a la que asistió Bernard Boursicot, un joven diplomático francés enviado como contable a la embajada francesa de la capital China, y en la que conoció, entre los asistentes, a Shi Peipu, un joven chino que enseñaba mandarín a las mujeres de los diplomáticos extranjeros y que contó a Bernard que en realidad era una cantante de ópera, que se había visto obligada a comportarse como hombrepara satisfascer los deseos de su padre, el cual carecía de un hijo varón. Esta historia conmovió al joven diplomático que hasta esos momentos solo había mantenido relaciones sexuales con hombres durante el instituto, y sentía la necesidad de mantener un romance con una mujer. Parecía que Shi Peipu era perfecta para él, y durante años fueron amantes, manteniendo sexo oral y anal en habitaciones oscuras, a petición del “tímido” Shi Peipu, y en el que el confiado Bernard creyó siempre que estaba con una mujer. La historia de amor llegó pronto a la autoridades chinas y Bernard se vio obligado a filtrar documentos privados, lo que le llevó a distanciarse durante un tiempo del joven Shi Peipu. Tras cuatro años de separación, Bernard y su amante se reencontraron de nuevo, sin embargo, para entonces, Shi Peipu sorprendió al joven francés con un niño de apenas cuatro años al que le había puesto el nombre de Shi Dudu, y al que le aseguraba ser hijo de ambos.

Bernard Boursicot y Shi Peipu custodiados por las autoridades francesas. Fuente 
Ante esta situación, en la que Bernard se veía coaccionado por las autoridades chinas y en la que al parecer tenía un hijo con su antigua amante, a la cual seguía amando, decidió organizar la huída de Shi Peipu y Shi Dudu hacia Francia en 1982. Sin embargo, fueron descubiertos y arrestados por las autoridades francesas. Pronto se descubrió el romance de ambos, los años de espionaje de Bernard para China y, para sorpresa del francés, la verdadera identidad de Shi Peipu: un hombre, que por amor, había ocultado su identidad sexual, ocultando sus genitales durante sus rápidos coitos, y que había comprado un niño chino a un médico de Xinjiang, para hacerlo pasar por el hijo de ambos. Tanto Bernard como Shi Peipu fueron condenados a prisión y humillados por la prensa francesa, lo que llevó a Bernard a intentar suicidarse en la cárcel. Gracias a las rendecillas políticas entre Francia y China, el presidente francés Mitterrand, y con la intensión de reducir las tensiones entre ambos países, le restó importancia a lo sucedido y Shi Peipu fue perdonado, mientras que Bernard fue indultado más tarde.

Tras su liberación, Shi Peipu permaneció en París y debutó como cantante de ópera en el país galo. Su relación con Boursicot se enfrió y solo mantuvieron el contacto en contadas ocasiones. Shi Dudu confesó que había nacido de una familia de la minoría étnica de los uigur de China y había sido vendido por su madre. Al igual que Shi Peipu, se quedó en Francia, se casó y formó una familia. Solo volvió a ver a Boursicot en el entierro de Shi Peipu en 2009.

Portada de la película M. Butterfly (1993). Fuente
Su historia, la de ambos, fue llevada a escenario por David Henry Hwang en 1988 en Broadway, con el título de Madame Butterfly, y, posteriormente, a la gran pantalla con el título de M. Butterfly en 1993. En esta adaptación, Gallimard conoce a Butterfly en un espectáculo cultural organizado por la embajada francesa, cuando éste, vestido con un elegante y entallado vestido tradicional chino, sube a escenario y canta una hermosa canción que envuelve al francés y le hace sentir que solo ellos dos se encuentran en la sala. Tras continuos acercamientos y charlas cortas entre ambos, se declaran su amor y mantienen, por un largo periodo de tiempo, un romance en la que Gallimard le cuenta todas sus confidencias personales y profesionales a Butterfly, sobre todo aquella relacionada con la guerra de Vietnam y EEUU, en la que el país anglosajón no contaba con base en la zona y le era muy útil toda la información recaudada por su aliado galo. Mientras tanto, Butterfly informaba periodicamente al servicio secreto chino de todo aquello que le contaba el francés. Pronto esta le confiesa que está embarazada y debe partir a su localidad natal para dar a luz, como dicta la tradición. Tras años sin saber Gallimard de ella, reaparece en su vida con un niño de cuatro años al que le asegura que es su hijo. Sin embargo, poco tiempo después, el niño es “secuestrado” por las autoridades chinas y para recuperarlo, Gallimard se ve obligado a pasar información confidencial, lo cual hace hasta que es descubierto por las autoridades francesas. Este confiesa que todo lo había hecho por el amor que le profesaba a su amante y a su hijo, sin embargo, allí mismo, sus propios compatriotas le confiesan que Butterfly en realidad es un hombre.

Para algunos, tanto en la realidad como en la obra posterior, Shi Peipu representó el papel de su vida, y Bernard fue, simplemente, un tipo fácil de engañar. Sin embargo, y lo más lógico de pensar, es que este supiese desde el principio que Shi Peipu en realidad era un hombre, y por miedo a ser descubiertos o rechazados, uno siguió pensando que el otro creía que él era mujer, y el otro siguió guardando el secreto de lo que sabía.

BIBLIOGRAFÍA

FARMACELIA NURULHADY, E., Gender and Power Relations in David Henry Hwang’s M. Butterfly: The Challenge to the Binary, Universitas Diponegoro, Indonesia.

GERNET, J., El mundo chino, Barcelona: Editorial Crítica, 2005

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