George Hogg: un héroe humanitario para China


“George fue nombrado al poco tiempo director de una de las escuelas Baillie, que acogía a chicos de diferentes zonas de China –muchos de los cuales eran refugiados– para convertirles en personas autosuficientes pero plenamente cooperativas. La educación se centraba en enseñarles a trabajar con sus compañeros sin importarles su clase social, religión o raza”

Extracto de una carta de Muriel Lester

Los años treinta del siglo XX fue una década sombría para la mayor parte del mundo. Tras el crack del 29, las naciones que conservaban un régimen democrático estuvieron ocupadas en resolver sus problemas domésticos y, la más fuerte de ellas, EEUU, se aislaba del resto.  En la otra parte del mundo, el nacionalismo chino y el Japón imperial se vieron las caras cuando este último se apoderó de Manchuria en 1931, estableciendo Manchukuo, para luego avanzar por el norte de China. En 1937 ambas fuerzas militares se enfrentaron. Japón ocupó Beijing, Tianjin y Shanghai en dos meses, produciéndose la matanza de Nanjing en diciembre. Allí los soldados japoneses aterrorizaron a la población china, matándola, violándola, incendiándola y saqueándola durante siete semanas, pereciendo 300.000 chinos. Tras esta masacre, los japoneses siguieron su ofensiva por el territorio. En este momento de la historia sino-japonesa aparece la figura del británico George Hogg, cuya vida fue corta, pero muy intensa y dramática.

George Hogg. Fuente
George Hogg –hijo de cristianos devotos que realizaban labores benéficas- llegó a China en un viaje con su tía Muriel Lester –amiga de Gandhi y especie de embajadora de la paz-, tras licenciarse en Filosofía, Políticas y Económicas en la Universidad de Oxford, para acompañarla en sus conferencias pacifistas por EEUU, Japón y la India. Estando en Japón llegaron noticias de la entrada del país nipón en Manchuria, iniciándose el reino de terror que duró más de dos meses en la ciudad china. De Japón llegó a Shanghai en 1938, para reunirse con su tía y con el objetivo de pasar a la India; sin embargo, jamás llegó a su destino. Shanghai en esos momentos se encontraba ocupada por Japón y la población china sufría epidemias y hambre. Su tía Muriel se marchó a la India para seguir con sus conferencias pacifistas e informar, posteriormente, de los sucesos de Nanjing a la comunidad internacional. George, solo en China, llegó hasta Hankow -convertida en La Meca de los periodistas- y logró un puesto como corresponsal para United Press International. Durante un tiempo vivió en la casa de Logan Roots –obispo episcopal de Hankow y férreo seguidor de la causa comunista- y con la escritora estadounidense Agnes Smedley, recién llegada de la base de Mao Zedong en Yenan. Se pasó gran parte del año en Hankow donde trabajaba como corresponsal, aprendió chino y conoció al que sería su buen amigo Rewi Alley –abastecía la zona de productos necesarios para la población militar y civil, y escribiría posteriormente su biografía-. Enfermo de tifus recibió la invitación de un comandante de una de las guerrillas para que lo visitara en una base del oeste. De regreso fue haciendo escala en poblados de refugiados y trabajó en diferentes oficios como secretario de relaciones internacionales, sin dejar de escribir sobre la miseria que veía a su paso.

Rewi Alley. Fuente
En 1941 Rewi Alley montó un internado en Shuangshipu (Paochi) para acoger a chicos chinos a los que educar, enseñar a leer y a escribir. George visitaba de vez en cuando el internado hasta que el octavo director dimitió y el relevo cayó en él. George exterminó a las pulgas y organizó el colegio. Instauró un horario que comenzaba con gimnasia y un baño diario en el río. Además de ir a clase, los chicos estaban divididos en grupos de trabajo que se encargaban de mejorar las instalaciones del colegio, y en equipos escolares para mejorar la autodisciplina. Su tarea como director se veía combinada con la de médico. Cuando Alley se marchó por motivos políticos, George se quedó solo en el lugar dirigiendo el colegio. Tras seis años al mando, adoptó a cuatro niños chinos, uno de ellos casi un bebé. Pero, para 1944 la guerra se acercaba a la zona y los militares veían en los edificios que se mantenían en pie como refugios y base de sus estrategias. Por ello, George decidió trasladar el colegio. No solo tenía que trasladar a los estudiantes, sino también desmontar, embalar y transportar su preciada maquinaria y herramientas. A pesar de tener carretas y también camiones, se desplazaban muy lentamente. Les llevó cinco días atravesar 57 kilómetros en las montañas.

Al llegar a Shandan no tardaron en poner a punto tanto el colegio como la maquinaria, y a George quedó muy contento con lo que encontró en el pueblo. Erigieron talleres y llegaron a un acuerdo con los habitantes de la aldea: el generador del colegio podía proporcionar electricidad para todo el pueblo si el pueblo les daba carbón gratis. Plantaron huertos e hicieron una cancha de baloncesto. George escribió a Muriel para que lo visitara, pero dos semanas más tarde murió de tétanos a causa de una pequeña herida en el pie que se hizo jugando al baloncesto. Murió el 22 de julio de 1945 y su tumba fue cavada por los estudiantes. Durante mucho tiempo sus dos hijos adoptivos menores visitaron su tumba cada mañana, y le llevaban la comida que más le gustaba. Rewi Alley se encargó del colegio y estuvo al frente hasta que el gobierno chino lo trasladó a Lanzhou en 1952 para fundirlo con otro colegio establecido allí. Alley vivió en China hasta su muerte, a fines de los ochenta del siglo XX, como un reconocido “amigo de China”. Su tumba, junto a la de George, se encuentra enterrada en el patio del colegio de Shandan.

Los niños de Huang Shi
 (2008). Fuente
En 2008 se rodó Los niños de Huang Shi, una historia adaptada, a grandes pinceladas y un poco alejada de la realidad, a la historia de George Hogg. La historia comienza con la llegada de George a China como periodista durante la ocupación nipona. Gracias a un líder de la resistencia china, Jack Chen, se libra de morir en manos japonesas. En su huida se refugia en un orfanato, arreglando el lugar, educando a los niños y entablando una fuerte amistad con ellos. Tras el acercamiento de las tropas japonesas, este huye por las montañas con los sesenta niños, con la ayuda de Jack y una enfermera.


Su historia hoy en día sigue siendo desconocida al mundo occidental debido, en gran parte, a que su biografía no fue publicada hasta 1967 en Nueva Zelanda, porque el resto de los medios de comunicación del momento lo veían como un personaje demasiado rojo como para hacerlo famoso. Además, su muerte coincidió con el fin de la Segunda Guerra Mundial que acaparó todos los medios de comunicación del momento. Hoy es un héroe humanitario para Shandan y para los neozelandeses.


 BIBLIOGRAFÍA

BROWN, MIRANDA y SCHIROKAUER, CONRAD, Breve historia de la civilización china,  Barcelona: Edicions Bellatera SL., 2006.

SÁNCHEZ SALAS, F. J., La verdadera historia de George Hogg, SCRIBD, 2012.

SCHIROKAUER, C., LURIE. D, GAY, S., “Breve historia de la civilización japonesa”, Biblioteca de Estudios japoneses, Barcelona: Edicions Bellaterra, 2006

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