Ho Feng Shan, el embajador chino que salvó a miles de judíos durante el Holocausto

Ho Feng Shan. Fuente
Pensé que era natural sentir compasión y querer ayudar. Desde el punto de vista de la humanidad, es lo que se debe hacer


Ho Feng Shan

Cuando en historia se habla del Holocausto judío –producido a fines de los años treinta y principios de los años cuarenta del siglo XX durante la Segunda Guerra Mundial-, muchos recuerdan la figura del empresario Oscar Schindler, que consiguió salvar la vida de más de 1000 judíos empleándolos como trabajadores en sus fábricas de Polonia y República Checa, sobre todo gracias a la película de 1993 La lista de Schindler. Sin embargo, hubo otros muchos que se implicaron con el caso judío y que hoy en día son menos conocidos. Así, la enfermera polaca, Irena Sendler, salvó a más de dos mil niños judíos; o, el británico Nicholas Winton, que salvó a más de quinientos niños judíos; o, el embajador japonés en Lituana,  Chiune Sugihara, que otorgó visados a judíos para que saliesen del país. Si Irena Sendler, Nicholas Winton o Chiune Sugihara son poco recordados hoy en día, quizás lo es menos la figura del embajador chino en Viena, Ho Feng Shan.

Ho Feng Shan nació en 1901, en Yiyang (Hunan, China). Su familia era pobre y su padre murió cuando él tenía siete años. Estudió duro y gracias a su facilidad con el alemán y a su carismática personalidad consiguió convertirse en diplomático. En 1937 fue nombrado embajador chino en Viena hasta 1941. Un año después se produjo la anexión de Austria a Alemania y comenzaron las deportaciones judías a campos de concentración.

La situación fue empeorando para los judíos de Austria y muchos decidieron salir del país; sin embargo, era necesario el visado, visado que se les denegaba a las familias judías. Desesperados, hubo quienes se acercaron a la embajada china y Ho, arriesgando su carrera e incluso su vida, emitió visas a Shanghái –ocupada por los japoneses- que permitieron a los judíos escapar de los nazis. Un visado equivalía a una familia entera judía y muchos hicieron uso de ella para llegar a destinos alternativos, como Filipinas o Cuba. No se conoce el número de visados emitidos por Ho, pero asciende probablemente a miles.

Su homólogo en Berlín, Chen Jia, se opuso rotundamente a dar visados a los judíos. Chen quería mantener las buenas relaciones diplomáticas con Alemania y no quería socavar la política antisemita de Hitler. Cuando se enteró de lo que hacía Ho, lo llamó por teléfono y le ordenó que suspendiera esta práctica. Pero Ho le contrarrestó justificando que las órdenes provenientes del Ministerio de Relaciones Exteriores de China eran las de mantener una política liberal.  Chen Jia envió a su subordinado a Viena con el pretexto de investigar los supuestos rumores que acusaban a Ho de vender las visas. Sin embargo, el investigador no encontró ninguna irregularidad y volvió a Berlín.

Ho siguió emitiendo visados a judíos hasta que los nazis confiscaron su consulado. Cuando pidió al gobierno chino fondos para reubicar el consulado, el Ministerio de Relaciones Exteriores rechazó su petición alegando que habían perdido la guerra contra los japoneses y no tenían fondos. Ho se vio obligado a buscar una pequeña instalación que hiciese de consulado y que pagó de su propio bolsillo.

Tras una larga carrera diplomática, se retiró en 1973 y murió en 1997. Fue solo después de su muerte cuando los judíos que sobrevivieron gracias a Ho, comenzaron a hablar y su historia fue conocida, ya que él no dijo públicamente nada en vida. Tras ser evaluado su caso, Yad Vashem –institución oficial israelí constituida en memoria de las víctimas del holocausto- lo galardonó con el título de “Justo entre las Naciones” por su valentía humanitaria.


BIBLIOGRAFÍA

HO, F.S., My forty years as a diplomat, University Professor Emeritus, University of Pittsburgh, Academician, Academia Sinica (Taiwan)


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