Ching Shih, la pirata china más famosa de Oriente

Ching Shih, la pirata china más
 famosa de Oriente. Fuente



¿Qué es mi barco? mi tesoro,
¿Cuál es mi Dios? la libertad;
¿Mi ley?, la fuerza y el viento,
¿Mi única patria? la mar.
Canción del pirata


Las crónicas históricas recogen las andanzas de un reducido número de mujeres piratas y heroínas de los mares. La primera de la que tenemos noticia es la de la reina Artemisa de Halicanarso, quien estuvo al mando de una flota de guerra, luchando al lado de los persas y contra Atenas en la batalla de Salamina en el 480 a.n.e. Más de mil años después aparece la figura de las dos primeras mujeres piratas de Occidente, las dos inglesas Anne Bonny y Mary Read, vestidas con ropas masculinas y armadas con pistolas y hachas. Ambas lucharon en el siglo XVIII a las órdenes del temible Calico Jack, comandante del Dragón. Si nos vamos a la otra parte del mundo, también nos encontramos con la historia de numerosos piratas chinos.

La piratería china es tan antigua como su historia. El primer caso registrado es del siglo II n.e. Las menciones a la piratería son frecuentes a partir de esta fecha, alcanzando su clímax con los Yuan (1206–1367). En aquel momento, enormes hambrunas lanzaron al mar a miles de japonés que asediaron las costas chinas. Con los Ming (1368-1644) se consiguió canalizar el comercio, pero con la retirada de las grandes flotas del eunuco Zheng He, se reactivó el problema, estallando con fuerza a principios del siglo XVI. 

Ha habido tres grandes épocas de piratería en las costas chinas. La primera, en el siglo XVI, estuvo ligada a las restricciones que impusieron los Ming al comercio marítimo. La segunda, en el siglo XVII, estuvo relacionada con la crisis política de la transición de los Ming a los Qing (1644-1911). Y, la tercera, a fines del siglo XVIII, con la crisis final de la era del emperador Qianlong (1711-1799).

Dentro de esta última etapa de esplendor de la piratería china se enmarca la historia de una joven cantonesa nacida en 1775 y vendida a un proxeneta que la explotó sexualmente a una edad temprana. Pronto se convirtió en la concubina más solicitada de todo el distrito por su belleza y una gran conocedora de las intrigas y la política del momento al compartir cama con hombres ricos e influyentes. Su vida cambió cuando el famoso pirata Ching acudió a ella para proponerle matrimonio a cambio de sus confidencias. Éste había hecho un contrato con los independentistas vietnamitas para asaltar los navíos comerciales y militares. No dudaba en saquear los barcos occidentales, chantajear a los pescadores e invadir los pueblos de las costas para hacerse con esclavas. Dirigía una potente flota de piratas, con más de 400 barcos, en los que cada uno de ellos estaban armados por unos veinticinco cañones. El tonelaje de dichos barcos oscilaba entre las quince y las doscientas cincuenta toneladas.

Ching murió en el 1808. Según algunas fuentes fue envenenado por su tripulación, aunque otras hablan de su desaparición tras una gran tormenta tropical. Sea como fuese, lo cierto es que la muchacha prostituta con la que se había casado tomó las riendas dirigiendo las flotas piratas con mano de hierro. Pronto su nombre se extendería por todos los rincones del mar de China: Madame Ching o Ching Shih, y se convertiría en la pirata china más famosa de toda la historia del Gigante Asiático. En la época de mayor esplendor llegó a disponer de más de 2000 barcos piratas y contaba con 70.000 marineros. Su embarcación estaba dividida en seis flotas dirigida bajo un almirante que le rendía cuentas de sus acciones y botines. Todo estaba regido por unos reglamentos muy estrictos que debían de ser cumplidos. Si se incumplían, el infractor se enfrentaba a durísimas sanciones, la peor de todas era la muerte.


Tiempo después, Ching Shih se enamoró de su hijo adoptivo, su lugarteniente Chong Poo, con el que se casó y, así, consiguió su dominio familiar sobre toda la flota. Pero el Imperio chino no podía permitir la existencia de tal poder en manos de piratas. Para acabar con esta situación, el emperador armó una fuerte flota, pero fue derrotada por Ching Shih. No se dio por vencido y mandó otra flota con la que obtuvo la victoria. Sin embargo, Ching Shih consiguió huir y reorganizarse de nuevo. Ante esto, el emperador volvió a enviar otra flota contra la pirata china y la consiguió vencer.

Existen dos versiones sobre el final de Ching Shih. Mientras una versión nos cuenta que la pirata china llegó a un acuerdo con el gobierno chino para dirigir una empresa de contrabando de opio y regentar el burdel y la casa de juegos más grande de toda Asia en Cantón; otra versión nos habla de que se casó con un gobernador de provincias, y su hijo, y marido, Ching Poo, fue nombrado funcionario de gobierno. Sea como fuera, lo que sí es cierto es que Ching Shih tuvo que tener una vida muy intensa y llena de aventuras.


BIBLIOGRAFÍA

FOLCH, D., Piratas y flotas de China según los testimonios castellanos del siglo XVI, Barcelona: Universidad Pompeu Fabra, 2012.

VÁZQUEZ CHAMORRO, G., Mujeres chinas, Madrid: Algaba Ediciones, 2004


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