Confucio 孔子 (551 al 479 a. n. e). El Hombre.


Representación de Confucio. Fuente 







"Todo los hombres nacemos iguales, sólo nos diferencian la educación y el ambiente donde nos formemos”.

Confucio (551-479 a. n. e.).











Confucio 孔子 (551 al 479 a. n. e., según las fechas tradicionales-)[1], más que un hombre o un sabio, representa un auténtico fenómeno cultural que apareció en el siglo V a. n. e. y se ha mantenido en el pensamiento chino hasta la actualidad tras numerosas transformaciones. Convertido en una figura universal de renombre -al igual que otros como Buda, Marx o Jesucristo-, no inició un sistema ideológico, ni fundó una religión.  Su pensamiento contiene truismo y sentido común, y su excepcionalidad se centra en haber formado al hombre chino a lo largo de más de dos mil años y de haber propuesto por primera vez una visión ética del hombre -reflexión del hombre sobre sí mismo-. El intento de comprender su figura se ve dificultado por la enorme masa de tradición y de leyenda acumulada en torno a su nombre, resultando muy difícil apreciar la verdad. Por un lado, los fieles han deseado exaltarlo, creando una genealogía que hace remontar su ascendencia a los primeros emperadores de China. Pero por otro, los que vieron la posibilidad de ver en peligro su posición social falsearon sus obras.

Estatua de Qi lin o Ki lin en el Palacio de Verano. Fuente
Confucio nació en el 551 en el pequeño estado de Lu (actual Shandong). Hijo de Shu Liang Ho –famoso comandante del ejército-, tuvo nueve hermanastras y un hermanastro tullido. Según las costumbres, ni las hijas ni los hombres físicamente impedidos podían cumplir con el rito del culto a los antepasados, algo muy importante dentro de la sociedad china. Con setenta años, Shu Liang Ho se casó de nuevo con Cheng Tai, con la esperanza de tener un descendiente varón que pudiese encarnar la virtud del clan y perpetuar el culto a los antepasados. Según la leyenda, Cheng Tai tuvo un sueño en la que cinco ancianos, que representaban los cinco planetas del firmamento, tiraban de las riendas de una bestia mitológica, semejante a una vaca con cuernos y el cuerpo cubierto de escamas. Esta bestia era el Qi lin, que vomitó una pieza de jade que contenía una inscripción: “Un niño procedente del aguara regenerará la débil dinastía de los Zhou. Luego será considerado un rey sin corona.

A la edad de treces años de edad, falleció su padre. Su madre, tuvo que criarlo con el producto de un pequeño trozo de tierra que se otorgaba a las viudas de funcionarios del Estado sin fortuna. A pesar de su pobreza, no descuidó la educación de su hijo que siendo adolescente comprendió que el estudio de épocas anteriores proporcionaba la educación moral e intelectual necesaria para desenvolverse en el mundo. Es de suponer que su educación tuvo lugar en los colegios de la nobleza, donde se instruía a los jóvenes para la vida militar y cortesana. Estudiaban las denominadas artes nobles: ritos, música, escritura, tiro con arcos, la ciencia de los números y la conducción de los carros.

A los diecinueve años se casó con una hija de la familia Kien Kuang, procedente del principado de Song, con la que tuvo dos hijas y un hijo. Debido a su pobreza trabajó como inspector de graneros, pero con veintidós años consiguió abrir una escuela en Lu, donde se estudiaba los ritos, la música, la poesía y la historia. Sus alumnos pertenecían principalmente a la nobleza, pero, según la leyenda, no rechazó a ninguno que no pudiese costearse los estudios. Pretendía educar a sus alumnos para formar una élite de hombres superiores que fuesen capaces de conducir un Estado siendo los consejeros de los gobernantes, y que fueran respetados por sus virtudes. Los jóvenes acudieron a él desde todas partes con el deseo de escuchar la verdad y practicar la virtud.

Representación de Confucio, Laozi y un Buda bebé. Fuente 
A la edad de treinta años la fama de Confucio ya debía de ser notable pues el duque King del Estado de Xi lo hizo llamar para realizarle una consulta. Cuatro años después, en el 518 a. n. e., Mong Hi, ministro de Lu y jefe de uno de los tres poderosos clanes del país, encomendó a su hijo como discípulo. Confucio les habló de la sabiduría de Lao Tan, al que veneraba como maestro, y les propuso visitarlo en Lo Yi. Según la leyenda, durante su estancia tuvo tiempo de entrevistarse con Laozi –uno de los filósofos más relevantes de la historia de China-. Este encuentro es puesto en duda por muchos especialistas, algunos incluso cuestionan la existencia del Maestro. Las historias que se cuentan acerca de este encuentro difieren. Para unos habría tenido lugar un duro enfrentamiento entre los dos sabios, pero teniendo en cuenta la diferencia de edad –Laozi sería veinte años mayor que Confucio- y el respeto a los mayores dentro de la cultura China, es probable que escuchase atentamente al Maestro.

El viaje a Lo Yi contribuyó a aumentar el prestigio de Confucio a su vuelta a Lu. Muchos de sus nuevos discípulos acudieron en busca de sus enseñanzas, algunos de estados lejanos. Tras la experiencia de su viaje, comprendió que tenía una misión que trascendía a la de maestro, estaba destinado a reformar el orden social tan deteriorado de su época[2]. La situación política de Lu se había ido complicando en los últimos tiempos, repartiéndose el poder entre tres familias nobles acosta del príncipe King. Cuando estalló la crisis en el interior de Lu por una disputa trivial –un altercado en una pelea de gallos entre dos miembros de dos de las grandes familias del Estado- Confucio se vio obligado a seguir a su príncipe al exilio en el Estado de Ts´i. Sin embargo, el príncipe King no quiso llevar a cabo su doctrina y dos años después, decidió partir de nuevo hacia Lu. Su estancia allí le sirvió para seguir con sus trabajos, aumentando su prestigio y sus discípulos.

Con cincuenta y un años de edad, en el 501 a. n. e., consiguió el cargo de gobernador de la provincia de Chong Tu, en el Estado de Lu (actual Shandong). Mientras ocupó el cargo se ocupó de asuntos tales como la alimentación variada, recomendó que los hombres y las mujeres caminasen por senderos diferentes de las calles, reguló los actos funerarios y los cementerios, propuso que los hombres más fuertes tuviesen los trabajos más duros…, entre otras cosas. Al cabo de un año le preguntaron si podría llevar acabo su forma de gobierno en todo el Estado de Lu. Ante su respuesta positiva, el príncipe le confió el cargo de intendente de Obras Públicas y el de ministro de Justicia. Sin embargo, las disputas entre las opiniones de Confucio y de los miembros de las tres grandes familias que controlaban realmente el Estado de Lu, tuvo como consecuencia la pérdida de su influencia, incrementado cuando intentó debilitar las posiciones de los poderosos linajes. Ante esta situación, uno de sus discípulos le sugirió que abandonase su cargo, comenzando un periplo de doce años de peregrinaje proponiendo sus servicios y consejos a otros, al parecer sin demasiado éxito.

Los últimos años de su vida Confucio los pasó en Lu. Se ocupó principalmente de recopilar y redactar los principales documentos de la antigüedad, ordenándolos y transmitiéndolos a sus discípulos. Prácticamente apartado de la vida política, estudió los legados de las últimas tres dinastías que aún se guardaban y los ordenó. Asimismo, se dedicó con especial énfasis al estudio del Libro de las Mutaciones –libro oracular chino que supuestamente contiene textos del 1200 a. n.e.-.

Tumba de Confucio en Qufu. Fuente
En el año 482 a. n. e. fue especialmente dramático para el Maestro. Primero falleció su hijo Po Yi y luego su discípulo predilecto, Yan Hui, suponiendo un duro golpe para él. En el 479 a. n. e. Confucio murió, el día de la serpiente-buey del cuarto mes del año dieciséis del rey Ngai de Lu. Fue enterrado al norte de la capital, a la orilla del río Zhu. Sus discípulos guardaron luto durante tres años, como mandaba la tradición cuando moría el padre, y muchos de ellos se establecieron alrededor de su tumba. El príncipe Ngai de Lu mandó construir un panteón donde fueron reunidas las pertenencias del Maestro. Hoy en día, el lugar se ha convertido en un hermoso bosque. Los discípulos y los descendientes de Confucio quisieron ser inhumanos en el mismo terreno y el lugar se convirtió en el panteón familiar tomando el nombre de cementerio del “Bosque de la familia Kong”. En la actualidad, el cementerio está formado por alrededor de cien mil tumbas pertenecientes a Confucio, sus discípulos y sus seguidores y a los integrantes de las setenta y seis generaciones de descendientes del Maestro.



[1] Su nombre, Kongfuzi (Maestro Kong), sufrió una latinización en el siglo XVI a manos de los jesuitas y derivó al nombre que conocemos hoy: Confucio
[2] Cuando se inicia en el siglo VIII a. n. e., con la época de las Primaveras y Otoños, el declive de la realeza Zhou es persistente. 


Bibliografía

AGUILAR, J. “Los cuatro libros clásicos del confucianismo: una lectura económica”. Revista2-10:revista1-07.qxd. 2010.

ARNAIZ, C. Confucianismo, Budismo y la conformación de valores en China y Corea. Grupo de Estudios del Este Asiático. Instituto Gino Germani. 2004.

CHENG, ANNE. “Historia del Pensamiento chino”, Biblioteca de China, Contemporánea. Barcelona: Edicions Bellaterra. 2006.

CREEL, H. El pensamiento chino desde Confucio hasta Mao Zedong. Madrid: Alianza Editorial. 1953.

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