El confucianismo en la antigüedad china

Estatua de Confucio (siglo VI-V a.n.e). Fuente

Lo que quiere el sabio, lo busca en sí mismo; lo que quiere el vulgo, lo busca en los demás.
Confucio

Confucio nació en el 551 a.n.e. en el pequeño Estado de Lu, cerca de la actual ciudad de Qufu. Su nombre de nacimiento fue Kong Qiu; el nombre por el que se le conoció de adulto fue Kong Zhongni, aunque muchos le dieron el apelativo honorífico de Kongzi o Maestro Kong. Confucio es un nombre latinizado inventando en el siglo XVII por los primeros jesuitas en China.

Procedente de una familia perteneciente a la alta sociedad, pero empobrecida, Confucio se convirtió en un maestro itinerante que contaba con unos treinta discípulos directos. El documento más completo que nos ha llegado de sus enseñanzas es la colección de sus sentencias y conversaciones, conocido en chino como el Lunyu Discusiones y proverbios- y en español como las Analectas. Sus discípulos se dedicaron a compilar todo su pensamiento oral, y un siglo después aparecieron textos nuevos, muchos de los cuales eran apócrifos. Hoy en día no se puede considerar un documento histórico absolutamente fidedigno, pero para el pueblo chino si lo fue durante dos mil años.

La solución de Confucio a los problemas teóricos y prácticos planteados por el declive de la autoridad Zhou (1122–256 a.n.e.) consistía en restaurar la paz mediante la vivificación del carácter moral o virtud de la clase gobernante. Confucio creía que el Cielo era sensible a este carácter moral interno y que la sociedad podía transformarse mediante el cultivo moral de los que ocupaban el poder. La mejor manera de lograr la perfección de ésta era de arriba abajo, por lo que resultaba importante crear un gobierno compuesto de hombres virtuosos, quedando las mujeres excluidas de ese cometido. De ahí que Confucio dirigiera sus enseñanzas a los gobernantes locales y a los hombres cuya meta era formar parte del gobierno. El cultivo moral que pregonaba solo podía ser acometido por personas letradas y no apelaba a las masas, analfabetas en su inmensa mayoría. No obstante, en siglos posteriores, las enseñanzas confucianas permearon todos los niveles sociales a través del sistema educativo.

Una manera de sintetizar el pensamiento de Confucio, consiste en examinar algunas de las palabras clave que redefinió. De todas, las más importantes son ren –humanidad-, li –moralidad ritual- y junzi –persona elevada-.

Humanidad o ren, significaba amabilidad, generosidad o benevolencia, en particular la demostrada por una persona perteneciente a una clase social elevada hacia otra de una clase social inferior. Es la perfección de lo que significa ser humano, y posee la doble connotación de humanidad. Por tanto, ser humano es ser humanitario. Una persona humanitaria, además de amar a los otros, es filial o respetuosa con sus padres y sus mayores, considerada leal, fuerte, reservada, y digna de confianza. Su origen se encuentra en los sentimientos naturales de amor y de respeto del niño hacia sus padres y en el sentido de la propia valía o de la integridad que una persona querida y bien socializada desarrolla de modo natural en la edad adulta.

La moralidad ritual o li se refería al ritual de sacrificio a los dioses o a los antepasados. En época de Confucio su significado abarcaba la actitud reverente, el respeto y la conducta indicada en la realización de estos ritos. Pero el filósofo amplió todavía más su significado. Para él, era la forma de comportarse en todo momento, reflejo del carácter moral de una persona humanitaria. Pensaba que la vida, en todos sus aspectos, debía configurarse ineludiblemente con arreglo a modelos que expresaron valores humanos. En este sentido, una vida vivida al modo confuciano consiste en una ceremonia sin solución de continuidad, símbolo de veneración por la cultura humana y de la capacidad específicamente humana de perfección moral.

La persona elevada o junzi significaba “hijo noble”, en referencia a la aristocracia hereditaria. Sin embargo, él entendía la auténtica nobleza en términos de carácter moral, no de abolengo genético. En el pensamiento confuciano, el junzi es un ser humano que se esfuerza en convertirse en una persona humanitaria. El cultivo de sí es lo que mejor caracteriza al yunzi, y ese proceso requiere un continuo examen de sí mismo. Aprender implica tanto el cultivo de sí mismo como el estudio en un sentido estricto. El objetivo de dicho estudio en su época era la tradición cultural legada por el pasado. Pensaba que la vía del Cielo se había puesto en práctica con éxito en la época de los primeros reyes Zhou, y que luego había caído en desuso. Pero la Vía se conservaba en los documentos escritos de la época y en diversos aspectos de la tradición cultural, por ejemplo en las artes. Por tanto, el aprendizaje de una persona elevada requería el estudio de ciertos textos y el cultivo de los ritos, de la música y de la literatura.

Los clásicos que constituyen el primer canon confuciano o cuerpo de textos sagrados y base curricular de la educación confuciana, se convirtieron en representativos de las ideas, las costumbres y la historia de los virtuosos fundadores de los Zhou. La cultura que crearon era el modelo de sociedad humana a la que los confucianos aspiraban. Estos textos eran el Yiying o Clásico del Cambio –manual de adivinación atribuido al héroe cultural mítico-primordial Fuxi-, el Shijin o Clásico de las Odas –es una colección de poemas que incluye canciones folclóricas populares e himnos aristocráticos en honor a los héroes y a los fundadores dinásticos-, el Shujing o Clásico de los Documentos –colección de informes y documentos de la dinastía Xia, Shang y de los primeros Zhou-, el Chunqiu o Primavera y Otoño (Anales) –atribuido a Confucio, es una cronología de acontecimientos políticos del Estado de Lu, su tierra natal- y el Yili, el Zhouli y el Liji –que describen los rituales formales de las cortes de los primeros Zhou, así como las normas de conducta, las costumbres, los vestidos y otros aspectos de la vida de los reyes-sabios, reconstruidos en su mayor parte por autores de épocas posteriores.

Los primeros emperadores Han (206 a.n.e. – 220 n.e.) adoptaron una forma sincrética de taoísmo como filosofía de gobierno, pero el sexto emperador, Wudi, abandonó el taoísmo en favor del confucianismo. Esta decisión estuvo muy influida por el filósofo Dong Zhongshu, quien desarrolló un modelo de confucianismo que incorporaba elementos del pensamiento yin-yang y de su correspondiente cosmología. La principal preocupación de Dong consistió en elaborar una teoría que explicara y legitimara la autoridad del emperador, fundamentalmente merced a la unión de las categorías de soberanía y sabiduría. Pero su mayor contribución radica en que persuadió a Wudi para que estableciera el confucianismo como ideología oficial de Estado. Esta institución asumió dos formas: primera, en 136 a.n.e., el gobierno se reorganizó en cinco ministerios dirigidos por eruditos en los Cinco Clásicos; posteriormente, en el 124 a.ne., se creó un colegio imperial para formar a los funcionarios del Estado en los Cinco Clásicos y en su aplicación al gobierno, de acuerdo con los principios interpretativos establecidos por Dong. Ésta fue la primera canonización administrativa de una tradición textual en la historia de China.

El Clásico de la Piedad Filial o Xiaojing –anónimo escrito en época de los Han posteriores- ejerció una influencia extraordinaria sobre la sociedad china durante casi 2000 años. En el este asiático, la piedad filial es la virtud más firme y ampliamente asociada con el confucianismo. A partir de la afirmación de Confucio de que la piedad filial es la raíz de la Vía, el Clásico de la Piedad Filial proclama que la relación padre-hijo constituye tanto en el reflejo de esquemas presentes en la naturaleza como el modelo de la totalidad de relaciones políticas y sociales. Y, una de las secciones más importantes trata de la relación entre superiores e inferiores, empezando por la relación entre padre e hijo. Hoy en día, se asume universalmente, incluso en China, que el confucianismo predica la necesidad de obediencia absoluta a los mayores y a los superiores.

Confucio enseñó únicamente a varones, en concreto a letrados. Al asumirse que las mujeres tenían ciertas virtudes diferentes a las de los hombres, se escribieron algunas versiones femeninas de los clásicos. En ellas se recogen las ideas de buena esposa y madre.


BIBLIOGRAFÍA

AGUILAR, J. “Los cuatro libros clásicos del confucianismo: una lectura económica”. Revista2-10:revista1-07.qxd. 2010.

ADLER, J., Religiones chinas, Barcelona: Akal, 2005

ARNAIZ, C. Confucianismo, Budismo y la conformación de valores en China y Corea. Grupo de Estudios del Este Asiático. Instituto Gino Germani. 2004.

CHENG, ANNE. “Historia del Pensamiento chino”, Biblioteca de China, Contemporánea. Barcelona: Edicions Bellaterra. 2006.

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