Houyi y los Diez Soles

Houyi. Fuente





El hombre primitivo asociaba los fenómenos naturales a fuerzas sobrenaturales y los adoraba como dioses, como el dios del Rayo, la Lluvia o el Sol. Para los egipcios, la aparición del sol por las mañanas se explicaba por la existencia de un río subterráneo por el cual atravesaba de noche el bajo mundo. Para los griegos, el dios sol era Helios, que conducía un carro por el cielo cada día hasta el Océano que circundaba la Tierra y regresaba por el este por la noche. Para los aztecas, el sol es un dios que se ha sacrificado, que ha querido morir para renacer eternamente.

Para los chinos, existen diversas leyendas para explicar la aparición del sol. La más extendida es la que cuenta que el emperador de los Cielos orientales, Di Jun, y su esposa, Xi He, tuvieron diez hijos convertidos en diez soles. Vivían en una gigantesca morera regada por las aguas que provenían del Valle del Cielo, donde se bañaban, por lo que siempre estaban en estado de ebullición. Por las mañanas se iban turnando para dar luz al cielo, así todos cumplían con su deber al tiempo justo que los demás podían descansar. Sin embargo, los hijos de Di Jun se cansaron de la rutina así que decidieron subir al cielo y se pusieron a jugar de un lado para el otro. Al estar los diez soles juntos alumbrando la tierra, la intensidad del calor comenzó a multiplicarse y, por consiguiente, a abrasar la tierra. Cuando sus padres se dieron cuenta de ello les ordenaron que se detuviesen y que bajaran a su morada habitual, pero los hijos no hicieron caso. Di Jun furioso envió a su arquero Houyi, dios de la Flecha, para que les diera una lección.

Houyi y Chang´e. Fuente
Houyi, acompañado de su esposa Chang´e, llevó consigo un arco rojo otorgado por Di Jun, y una bolsa de flechas blancas. Primero intentó persuadir a los diez soles a salir por turno, pero no les oyeron, por lo que comenzó a dispararles. Derribó nueve de los diez soles, quedando solo un sol. El Emperador Din Jun, enfurecido por la muerte de sus nueve hijos, envió a Houyi y a su esposa Chang´e a vivir en la Tierra.

Con el paso del tiempo, Houyi escuchó que existía una medicina de la Reina Madre del Oeste que te permitía subir al cielo. Sin embargo, la diosa le comunicó que solo era para una persona. Houyi no quería dejar a su esposa sola en la Tierra, pero tampoco quería que subiera sin él al cielo, así que la escondió. Su esposa la encontró y se la tomó, flotando al cielo. Houyi quería dispararle para que dejase de flotar lejos, pero no soportaba la idea de apuntar con una flecha a su esposa. Chang'e continuó flotando hasta aterrizar en la Luna, convirtiéndose en la diosa de la Luna.

Bibliografía

CHEN, L. Mitos y leyendas de China. Editorial Popular SA. Madrid. 2003.

LÓPEZ SACO, JULIO. “El Emperador Amarillo. Un acercamiento mítico-simbólico al patriarca chino. Cruce de miradas, relaciones e intercambios. Capítulo 43. Universidad Central de Venezuela. 2008.


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